Agentes de IA
¿Qué información necesita la IA para responder por mi empresa?
Un agente de IA necesita lo mismo que le entregarías a un vendedor nuevo el primer día: qué vendes y qué no, cuánto cuesta o cómo se cotiza, dónde y cuándo atiendes, cómo se compra y qué pasa si algo sale mal. Sirve en el formato que ya tengas —un PDF, una hoja de cálculo o un documento de texto—; lo que no sirve es la información que solo vive en la cabeza del dueño. Reunir eso suele tomar unas horas y es lo que decide si el agente responde bien o improvisa.
La lista, en el orden en que conviene reunirla
- Qué vendes, con nombre y descripción. Servicios o productos, uno por uno. Y algo que casi nadie escribe: qué no vendes. Es lo que evita que el agente ofrezca de más.
- Precios o el criterio para cotizar. Si publicas precios, la lista. Si no, la regla: qué preguntas hay que hacer antes de dar un número y quién lo da.
- Horarios, sucursales y cobertura. Dónde atiendes, hasta dónde llegas, si hay costo de envío o de visita.
- Cómo se compra. Medios de pago, si hay abono, cómo se agenda, cuánto tarda la entrega.
- Políticas. Garantía, cambios, devoluciones, cancelaciones. Es lo que evita las promesas que después no puedes cumplir.
- Preguntas frecuentes reales. Las que ya recibes por WhatsApp todos los días. Estas valen más que todo lo anterior.
- Cuándo pasar a un humano. Reclamos, temas delicados, clientes grandes.
Ese último punto casi nunca está escrito en ningún lado y es de los que más se notan. Un agente sin criterio de escalado o molesta al cliente insistiendo, o pasa a un humano cada dos mensajes y deja de servir para algo.
El formato importa menos de lo que crees
La pregunta más común es "¿en qué formato se lo entrego?". La respuesta práctica: en el que ya lo tengas. Un PDF del catálogo, un Excel de precios, un documento de Word con las políticas o incluso las respuestas que ya copias y pegas en WhatsApp. No hay que armar una base de datos ni contratar a nadie para transcribir nada.
Lo que sí importa es que esté escrito y que sea la versión vigente. La información que solo existe en la cabeza del dueño o en un chat de tres años no se puede cargar, y es justo la que después se echa de menos: los descuentos que sí se dan, las excepciones que sí se hacen, el plazo real cuando el cliente insiste.
Un aviso por experiencia: si le cargas al agente tres versiones distintas de la lista de precios porque ninguna está marcada como la buena, el agente va a responder con cualquiera de las tres. La contradicción no la resuelve la IA; la resuelve alguien decidiendo cuál vale.
Lo que pasa cuando la información está mal
Aquí hay una asimetría que conviene entender antes de empezar: un agente con buena información multiplica lo que ya hace bien tu negocio, y un agente con mala información multiplica los errores. Si tu lista de precios tiene tres valores desactualizados, el agente los va a repetir con total seguridad a todo el que pregunte, veinticuatro horas al día, sin que nadie lo note hasta que un cliente reclame.
Por eso el proceso serio no arranca conectando el agente: arranca revisando qué información existe, qué está vigente y qué falta. En la mayoría de los negocios ese repaso descubre cosas útiles incluso si al final no se instala ningún agente —precios que nadie había actualizado, políticas que cada vendedor cuenta distinto—.
Quién la mantiene después
Un agente no se instala y se olvida. Cuando cambia un precio, abre una sucursal o entra un producto nuevo, alguien tiene que actualizar el documento. La buena noticia es que se cambia el documento, no el código, así que lo puede hacer una persona del negocio en cinco minutos.
Conviene dejarlo asignado desde el principio: quién actualiza y cada cuánto. Un agente desactualizado no se ve roto —responde igual de fluido—, simplemente empieza a decir cosas que ya no son ciertas. Es el fallo más silencioso de todos.
La otra mitad del mantenimiento es leer lo que la gente preguntó y el agente no supo contestar. Esa lista, revisada cada semana, es la que hace que el agente mejore de verdad. Así trabajamos las implementaciones de IstmoIA en WhatsApp y en los demás canales.
Cuánto tiempo toma reunir todo esto
Menos de lo que la gente teme. Un negocio de servicios con un catálogo acotado suele tener todo en una tarde, porque buena parte ya está escrita en su web y en las respuestas que manda por WhatsApp. Una tienda con cientos de productos toma más, pero ahí la información ya vive en el inventario y se exporta.
Lo que alarga el proceso nunca es escribir: es decidir. Cuánto es el descuento máximo, qué se hace con una devolución a los veinte días, quién autoriza un plazo especial. Son decisiones que el negocio venía tomando caso por caso, y el agente obliga a ponerlas por escrito. Ese, para muchos clientes, termina siendo el beneficio que no esperaban.